Un reto prometedor


Querer, desde el corazón de un padre y el alma de una madre, es un reto que hay que afrontar para presentar al mundo un ser humano cargado de historia y empuje. Es prometedor reconocerse como consejero y orientador en la vida de tu hijo-a, pues al adoptar una actitud responsable vamos forjando el libro del crecimiento y las páginas de las oportunidades.

Para ello debemos formarnos, preguntarnos y respondernos, como la única estrategia para aprender lo que necesitan y devolverles el mundo que le pedimos prestado en mejores condiciones que cuando lo recibimos y con ellos, como protagonistas verdaderos de nuestro futuro más inmediato.


Crecer es un reto y proyectarnos es un deber que hay que cumplir, reclamando el derecho a enfocar la educación en la esfera de relación padres-hijo, permitiendo la contribución de familiares y amigos en un escenario donde todo se comparte con el único propósito de aportar para el desarrollo integral del niño y del adolescente, en su lanzamiento a un mundo de puertas abiertas, repleto de oportunidades y limitantes.

Dr. Juan Aranda Gámiz



martes, 22 de enero de 2013

EL SILENCIO DE LOS PADRES

Los padres tienen la tarea de ordenar ideas, conducir actitudes, formar voluntades e impulsar ideales, moldear vicios, descubrir potencialidades, fotografiar los abrazos y guardar las caricias, medir el desarrollo y escribir los relatos de una o varias historias de vida, pero a veces hay silencios que deben coleccionar, con el único propósito de provocar reflexiones profundas sobre verdades y momentos, pinceladas y descubrimientos.

Hay padres que no desean transmitir su dolor visual, al ver todos los días un misterio transformado en un cuerpo sin movimiento, durmiendo callado y sin espontaneidad más allá de la condicionada por su enfermedad o su malformación, demostrando que quiere seguir luchando entre nosotros y que es el centro de atención para todos, recibe más miradas que nadie y destapa más lágrimas que ningún hermano, pero exige un silencio con el que habrá que dormir y vivir para que el amor que entregan a su hijo sea puro, sin falsos apoyos ni condicionantes de lástima.

Hay padres que han convertido el silencio en un estilo de vida por su dolor de ausencia, cuando un hijo parte  a un destino que la vida le puso en su camino y ya no puede disfrutar de sus pasos, sus caricias o su soporte,  y el teléfono es el mejor vecino, pudiendo preguntar por su salud, si sigue recordando y si desea regresar, unas frases que se digieren como verdaderos piropos de aniversario.

Hay padres que sufren un dolor de culpabilidad, al tener hijos recluidos o aislados por su enfermedad o trastorno, ya que su comportamiento o su código genético los llevó a cometer algún acto delictivo y esperan su recuperación en el encuentro con un ser superior que sepa reorientar sus pasos y las oraciones de los padres siempre van enfocadas en tal dirección.

Hay padres que tienen silencio por un dolor de identidad, ya que escucharon las convicciones religiosas, políticas, sexuales o revolucionarias de sus hijos y callan para evitarle algún tropiezo que pudiera condicionarle heridas que no cierran.

Hay padres que sufren de dolor no deseado, pues nunca querrán comunicar a sus hijos que ese embarazo nunca fue planificado ni deseado, estuvo cargado de disgustos y enfrentamientos al interior de la pareja, quizás fue una artimaña para atraer a quien quiso distanciarse y se ha mantenido la relación "a regañadientes" por este hijo y por lo que callan.

Hay padres que mantienen silencio por un dolor de procreación, pues tienen un hijo adoptado, recibido, fruto de una manipulación genética, niños probeta o recogidos de un centro donde fueron abandonados o raptados y entregados, como una encomienda, pero no se atreven a divulgar ese dolor hasta el día en el que la vida los pone en el lecho de la muerte.

Hay padres que tienen un silencio especial por un dolor machista, el que provocó golpes en su pareja, a veces hasta el fin de la violencia de género y quieren regresar para ser perdonados, cuando el perdón sólo debiera darse a quienes siempre respetaron la vida y no necesitaron el silencio para vivir.

Hay padres que tienen un silencio de compra-venta, al regalar, entregar, donar su vientre, sus óvulos o sus espermatozoides, pero que desean romper ese trayecto de su vida emprendiendo la búsqueda de parte de su ser y enfrentar la verdad que debe ser transmitida antes de que provoque más hedor y vergüenza.

Por fin, hay padres con un silencio de olvido, porque ya no recuerdan nada y con los gestos, el tacto, la compañía y las miradas prolongadas, quieren luchar por recordar a quienes dieron la vida.

Para todos los padres un reconocimiento por sus silencios y animarles a que salgan de ahí y para todos los hijos que lean esta página, que hagan un inciso para preguntarles a sus padres que quieren escuchar sus silencios, pues esta es también una manifestación de amor de los hijos hacia los padres, cuando a los padres les falta gasolina para manifestarse a tiempo.

Gracias por seguir siempre ahí, vuestro amigo que nunca os falla.


Juan.

domingo, 6 de enero de 2013

CUANDO UN HIJO ENSEÑA A UN PADRE

Pensamos que siempre vamos a ser los pedagogos de la relación padre-hijo y siempre estamos aprendiendo lecciones para dictarlas y esperar que ellos respondan con actitudes responsables y coherentes, pero va pasando el tiempo y van amontonándose las preguntas:

   1. ¿Por qué no llama?
   2. ¿Seguirá acordándose de mí?
   3. ¿De qué habrá servido todo lo vivido?
   4. ¿Será la suerte la estrella en su vida?
   5. ¿Reflexionará antes de dar un paso?

Después de un silencio, cuando crees que llegará la tormenta y que el tiempo se ha comido todas las expectativas, que la verdad no aflora y que los momentos pasan y se difuminan, la calma se vuelve tensa y la marea anuncia que está cercano el temporal, descubres que tienen que aprender del silencio y de la tormenta, de las expectativas y de la verdad, de los momentos y de la calma, de la marea y del temporal.

La vida te demuestra que tienes que aprender a mezclar sensatez con paciencia y confianza con esperanza, porque esa es la clave de la verdad de una relación, cuando el silencio está presente y los conflictos no te pertenecen, cuando tu verdad debe ser el apoyo constante y la voz del ejemplo, la apertura de caminos y el abrazo de presencia, para que sepa que siempre estarás ahí, pase lo que pase.

Nos preguntamos si merecemos los errores o si nos corresponden los fracasos, pero si nos miramos y nos sacamos los imanes de los bolsillos, siendo positivos y reflexivos, dinámicos y entusiastas, estamos en posibilidad de rechazarlos y ahí es cuando recibimos su llamada, la de nuestros hijos, la que estábamos esperando por tanto tiempo y nos demuestran que supieron hallar respuestas cuando nosotros esperábamos maldiciones.

Es ese el momento en que nos vestimos de alumnos y aprendemos a consensuar con el otro y a respetar los apellidos y la historia de vida, cuando disfrutamos de una obra construida con esfuerzo y en el día a día, sin saber que el futuro nos llenaría de orgullo donde sólo creíamos que había pedruscos y arenisca.

Y entonces les pedimos la receta, nos damos cuenta de cuánto valen y no nos atrevemos a seguir dando consejos, porque ellos son los que nos aconsejan y nos quedamos sin palabras porque ellos nos demostraron con actitudes una verdad de la relación padres-hijos.

Aprendamos a encontrar en nuestros hijos la voz de la pedagogía, la que a veces necesitamos los padres para seguir queriendo a nuestros hijos, porque nos hacen grandes y dichosos sus actitudes, quizás las que moldearon con nuestros ejemplos o nuestros consejos y ahora brotan, como todo lo que se cultiva en el jardín de esta relación tan simple y tan demostrativa, entre padres e hijos.

Vuestro amigo, que nunca os falla.


Juan

martes, 25 de diciembre de 2012

OTRO AÑO DISPONIBLE PARA SER PADRES


OTRO AÑO DISPONIBLE PARA SER PADRES

Hemos terminado una parte de la tarea y vemos crecer a nuestros hijos, enfocados en su nueva etapa de crecimiento y nosotros de decrecimiento, pero con nuevas esperanzas de ser cada día mejores padres en un mundo que va a ser de ellos.

Tenemos por delante otra tarea, la de unos entusiastas que han aprendido de una historia de vida y quieren seguir proyectados para cambiar el rumbo de los acontecimientos de la vida diaria de nuestros hijos.

Hemos superado avatares y desencuentros, aliñados con voces, gritos, malentendidos y hasta sobresaltos, pero cuando se hace balance nos damos cuenta que el promedio siempre es favorable en el total de los totales, con lo que podemos decir, a sabiendas que hemos depositado mucho empeño en nuestra tarea, “suma y sigue”.

Nos hemos alimentado de horas de espera en la madrugada, malos tragos con las calificaciones, miradas tristes por alguna mentira de la adolescencia y desenfados que arrancaron un perdón y nos supo a gloria.

Hubo crisis de valores y de bolsillos de adolescentes inmaduros, nos enfrentamos a fines de semana de castigo, porque también nosotros sacrificamos nuestros ratos libres por vigilancia de sufrimiento, por ellos y nosotros.

Dedicamos oraciones y ruegos, no faltaron santos con notas y mensajes en el buzón para que se acordaran de nosotros, monedas y limosnas para que se compren unas chucherías los encargados de las buenas conductas, allá en el cielo y practicamos el olfato de un can amaestrado para percatarnos que no había intromisiones algunas en su vida.

Conocimos a amigas y amigos, algunos más desorientados que otros, pero todos los que seleccionamos es porque les sirvieron de apoyo y nos animamos a escucharles cuando nos narraban que sirvieron de soporte para otros, en peores circunstancias que las suyas.

Tuvimos que conversar con el vecino, pedimos explicaciones a algún profesor, contemplamos a nuestro hijo en la fiesta de Navidad para padres, interpretando algún papel y, en ocasiones, en un idioma extranjero, ensanchamos la casa para que entre todo el mundo y nos acercamos a los abuelos, como aliados, para que nos ayuden en la tarea educativa.

Olimos a tabaco y quisimos que no lo notaran, limpiamos zapatos del barro de esa calle con la que no nos llevamos bien, encontramos cartas de desconocid@s y revistas que nos anuncian que andan desconcertados con su cuerpo.

Todo ha sido parte de la tarea de un año que acaba y tenemos que hacer un cursillo rápido para empezar el siguiente. ¿Dónde? –Pus aquí, en “Escuela para padres!

Vuestro amigo, que nunca os falla.

Juan Aranda Gámiz. 

domingo, 9 de diciembre de 2012

¡QUÉ ES UNA FAMILIA?

Por el hecho de que el concepto de familia no está bien estructurado ni definido, habiendo acuerdo que es un elemento social básico y en el que se deben destacar vínculos de afinidad y vínculos de consanguinidad, sería interesante analizar si todos tenemos un mismo origen y, por tanto, el mismo nivel de consanguinidad, si  la familia no podría incluir a cuantos estén presentes en mi vida, cree con ellos lazos de afinidad en cualquier campo (profesional, de relaciones de vecindad, cultural, recreativo, circunstancial o derivado de vivencias o convicciones).

Sólo así se puede entender a quien dice haber nacido en el seno de una familia de poetas, porque la consanguinidad la tiene asegurada con cualquiera de su entorno, pero la afinidad surgió desde el momento en el que mamó poesía en su infancia y creció dando vida a las palabras y los versos, transmitidos de padres, hermanos, amigos y vecinos comprometidos con la poesía.

Siempre es difícil comprender a quien dice estar protegido por la familia de la calle, porque la obscuridad de la noche y el riesgo del silencio y la cobardía son contrarrestados por quienes duermen en sillones y portales, con sábanas de cartón y ventanales de trapos sucios, acurrucados para que no se disipe el calor de sus cuerpos y con el aliento necesario para protegerte y cuidarte, abrigarte y ayudarte a seguir creciendo en las adversidades, comiendo con quienes comparten tu realidad y se reparten la comida que les ofrecen o compartiendo camas en albergues donde no hay propiedad privada.

Nunca es tarde para sentir el enfoque de familia de quienes vivieron atrapados en una mida, a cientos de metros bajo la superficie, esperando la muerte entre consejos de los más maduros en la profesión y animados por oraciones y logística concluyente de quienes quisieron amparar a los más indefensos en su lucha por sobrevivir.

Es comprensible escuchar la protesta, de boca en boca, de personas singulares que se ven afectadas en su orgullo y su proyecto, porque un miembro de su familia profesional, con la que comparten trabajo y penurias, ha sido amenazada por un contratiempo o un mensaje altisonante y por eso no tienes a tu lado a empleados sino a hermanos resentidos.

Hay familias económicas porque los intereses se reparten y los gastos a veces se multiplican, como la familia del euro, donde la incertidumbre es el vaso de leche del desayuno, los derroteros de los compromisos adquiridos son el primer plato del almuerzo y la tristeza de los esfuerzos exigidos debe ser el postre que complemente una maravillosa cena, porque se nos despierte la sensibilidad, pero donde nos debemos seguir criticando porque sólo hacemos desayuno y almuerzo, no cenando para evitar llorar y legislar para los más débiles; un ejemplo de lo que no debe ser una familia y donde algunos de sus miembros reclaman ante los demás porque falta un principio de igualdad de oportunidades.

Es maravilloso observar cómo se arropan los internos de una planta destinada a pacientes de cáncer, en cualquier hospital del mundo, porque tienen una afinidad común, ante la vida y la muerte, educándose para prevenir el dolor y formándose para afrontar el sufrimiento de las recaídas; una familia que debiera servir de ejemplo. 

Y no ampliamos muchas familias porque nos creemos al margen y vivimos ajenos a lo que les acontece a otros hermanos, que pareciese que los tratamos de bastardos, pero donde pudiera funcionar todo mejor y sin menos tele-maratones, sin buscar juguetes para regalarles cuando nos olvidamos que son hermanos y nos necesitan el 3 de marzo o el 7 de octubre y no el 24 de diciembre, cuando todo el mundo tiene que ver nuestros gestos, a veces dispersos y falsos.

También hay una familia en quienes se ven afectados y marginados, los no reconocidos y contactados, pero no una familia que no comparte nuestro apellido, porque todos debiéramos llamarnos con un nombre, de primer apellido "Adán" y de segundo apellido "Eva", con esto se acabarían los primos-hermanos y los suegros mal comprendidos, los hermanos tullidos y los cuñados que no se tienen en cuenta. 

Aprendamos a vivir como hermanos de una misma familia, eso le daría mayor sentido a nuestras vidas, sin connotaciones de abandono de quienes se sienten marginados ni alejamientos infructuosos ni incomprendidos, porque la hermandad la llevamos en la sangre desde que nacemos y la afinidad la tenemos que generar a diario con quienes nos la reclamen, en presencia y actitudes.

Gracias, tu amigo que nunca te falla


Juan

miércoles, 28 de noviembre de 2012

¿A QUÉ LLAMO D. I. F .A .?

En una familia se pueden utilizar códigos de todo tipo, pero debe primar uno sobre todos ellos y ese es el que yo llamo Código D. I. F. A. (Diálogo Intra Familiar Aceptado), pues necesitamos unas normas compartidas de conducta, sembradas a través de preguntas, cultivadas con el diálogo y necesariamente cosechadas en nuestras actitudes diarias.

Este código tiene unas bases para que pueda funcionar:

   1. Las dudas se resuelven al interior de la familia, las de los padres preguntando a expertos y escuchando a los hijos, pero la de los hijos confrontando visiones del mundo entre ellos y respondiéndoles a sus preguntas e inquietudes.

   2. La verdad debe entenderse como la conclusión a la que llegamos después de un diálogo, ese momento de verdad que debe abrirse paso en la vida intra-familiar donde todos se auto-convocan alrededor de la mesa y se inicia un momento de reencuentro y de conocimiento, explicando o resolviendo, preguntando o explorando nuevos temas.

   3. Nadie es experto en nada ni lo desconoce todo, todo el mundo debe aprender de todos y el crecimiento siempre debe ser recíproco entre padres e hijos.

    4. Tiene que haber un método para llevarlo a cabo, o sea, una forma de intervenir democráticamente y en base a una equidad de género, con temas consensuados previamente para que todos lean lo suficiente para ahondar en la temática y sepan extraer aquellas preguntas que puedan complementar sus posibles vacíos.

    5. La logística tiene un interés especial, o sea, todo lo referido al espacio físico, el tipo de mesa, las sillas, el tiempo y el horario, el día de la semana que no incomode ni interfiera, el material que hay que aportar al resto de los miembros de la familia y el apoyo audio-visual si fuese necesario.

    6. Siempre debe haber un espacio para un invitado especial, cuando se haya determinado para qué es importante su presencia y por qué, qué queremos que nos aporte y cuánto nos puede servir esa asesoría adicional.

Una vez aprendido el código es fácil seguir unos pasos para permitir que haya este código D I F A en nuestro ambiente familiar:    

     1. Convoca a tu pareja, cuando aún sois sólo dos, para establecer una cultura del diálogo.
     2. Intenta aprender del otro y aporta con lo necesario para crear una metodología de aprendizaje en ti.
    3. Promueve en tus hijos un espacio, hora, día y temas para seguir con esta línea, si ya la empezaste o aplícala en este momento, nunca es tarde.
     4. Todos los jueves, a las 8 de la noche, vamos a reunirnos por una hora y vamos a hablar de temas que cada cuál va a seleccionar el que más le interese y deba preparar con ahínco para transmitir un mensaje, siempre que sirva para toda la familia y pueda apoyar el interés de sus familiares por preguntar y encadenarlo con otros temas de mayor interés o actualidad.
     5. El responsable de un tema debe prepararse a profundidad, como un verdadero catedrático, leyendo y consultando, preparando material y dictando su clase magistral ante toda la familia.
     6. Hay que estar preparado para responder a todas las preguntas que surjan, en el plano personal, profesional, relacional, vivencial, familiar, laboral, social, económico, político o intelectual.
     7. Hay que proponer la franqueza, honradez, sinceridad y compromiso en este espacio de diálogo familiar.
      8. Debe haber un secretario mensual para recopilar la información y elaborar una hoja resumen de todo lo expuesto y discutido.
      9. Cada cual debiera tener su propio archivo e ir reformando su visión temática, acorde a sus experiencias de vida, para contribuir a reforzar lo que los demás dieron por sabido y que les queda más por aprender.
     10. Todo debe ser aceptado por todos, en todo momento y su disolución sólo se daría si hay mayoría absoluta a su favor.

Sigue haciendo eso y verás cómo creces como ser humano y cómo te fortaleces en el D. I. F. A. Habrá momentos en que se va a necesitar de un apoyo en asesoría o consultoría y antes hay que llamar a todos, en la reunión previa, para anunciarles quién va a venir y por qué.

Hoy quiero transmitir que la reflexión empieza en el hogar. Vuestro amigo, que nunca os falla.


Juan.

martes, 13 de noviembre de 2012

HAY QUE HACER LAS COSAS BIEN COMO PADRES

Hay que hacer las cosas bien como padres y estar preparados para que algún día ese retoño que no sabe hablar te diga cuatro verdades o te pida explicaciones y sólo ahí, como el alcohólico que necesita tocar fondo para poder rebotar, te verás y te reconocerás como incompleto e inconcluso, frustrado y absorto, porque la verdad siempre llega.

Debemos vivir por estar presentes en las vidas de nuestros hijos aunque la película nos avergüence o nos ruborice, porque la presencia y el apoyo es lo que cuenta siempre, ya que algún día te van a decir que no fuiste lo suficientemente íntegro para apoyar y representar una obra de Dios que te tiene que pertenecer de por vida.

Hay que estar en la foto de los momentos donde los hijos se debieron comprometer en un empeño de lucha y tesón, aunque todo fuera ilusión de un rato, en la primera comunión o en el día de la confirmación, pero nunca hay minutos de acuerdo para malos comportamientos sino que se insistirá en buscar en la foto instantánea la presencia del padre o la madre y, si no se está, surgirá siempre la pregunta ¿por qué no conmigo?

Hay padres que se sienten agotados de recomendar y susurrar, de sugerir y convencer, pero el hijo siguió el camino y se hundió, por lo que los progenitores engañados y ninguneados, quieren aislarse y seguir caminando despacio su rumbo en esta vida, por lo que el hijo tiene momentos depresivos que pueden arrastrarle a una reflexión profunda y allí, donde el silencio de un cuarto manda, mal aconsejado, en la última etapa de su borrachera más triste, se preguntará, ...¿y por qué no aguantaron un poco más?.

Cuando se casan los hijos y no le aportamos con un mensaje de entusiasmo para que comprendan que, muy a pesar de cualquier circunstancia, seguiremos siendo cada día menos cobardes y más cercanos, estamos ausentes de compromiso, aunque presentes en el acto.

Cuando nuestros nietos nazcan y crezcan, preguntarán por qué no tienen una foto con el abuelo tierno que los estrecha en sus brazos y nuestros hijos nos mirarán y sentiremos la sorpresa del arrepentimiento que nos provoca la segunda generación y comprenderemos tantas horas desperdiciadas.

Si un hijo se acuerda de las voces de un profesor o de las caricias de un familiar antes que del calor de la mano de un padre es porque algo estuvo mal y con el paso de los años se secan las sensibilidades, los estímulos y se arrugan las esperanzas, por lo que con toda seguridad ningún tiempo pasado pudo haber sido mejor para estrechar y aplaudir, reforzando positivamente todo lo que hizo nuestra hija, por que siempre será la mejor.

Cuando nos pidan un consejo y seamos francos y no condescendientes, aunque provoque distanciamiento porque las palabras también pesan, para unos más que para otros, siempre les acompañará el soporte de nuestro ejemplo y nuestra reflexión, por lo que su actitud tendrá mucho de nosotros y seguirán sintiéndonos a su lado; esto, muy a pesar de todo, es preferible a condescender y pasar por alto lo que requería convicciones y pausa, pero que no pensamos lo que tendrá que ocurrir más adelante cuando nos reclamen que antepusimos el aplauso o la economía de un momento a una verdad que traspasara la humedad de un cariño.

Hay padres que desearían hablar con sus hijos porque les permitieron algo y la culpabilidad los acompañará durante toda la vida ya que se marcharon de este mundo, padres que perdieron oportunidades de mirarse al espejo con un hijo con convulsiones porque hubieran querido comprarle a la vida la mitad de los problemas que le pasan a su vástago, amortiguando su paso por este mundo; a todos ellos les recordarán siempre sus hijos.

Esos padres que creen que nunca van a ser marcados porque abusaron o escondieron, secuestraron o humillaron a sus hijos, sin razón en este mundo, pues sus hijos se instalarán en su propia conciencia y no les permitirán vivir con dignidad ni paz.

Aplausos para esos padres que no comen para que sus hijos no busquen en la basura, que no se visten para presumir de hijos bien vestidos, que sufren para ver alegres a sus hijos, que se abandonan para que sus hijos no pierdan su apoyo, que se callan para que nadie hable de sus hijos, que envejecen para que la vida no maltrate a sus hijos, porque los nietos serán los mensajeros de un agradecimiento desde el alma.

Ay¡ de esos padres que se revuelcan porque creen que sus hijos pueden crecer solos y los que piensan que la adolescencia es un invento antiguo, porque les sorprenderán y nunca podrán recuperar el tiempo perdido, almacenado de sufrimiento en el baúl de los recuerdos y para siempre.

Por eso y por muchas cosas más, hay que hacerlo todo bien pensando en ellos y no en nosotros, en su bienestar futuro y no en el aplauso presente, en su reflexión y no en su abrazo, porque todo llegará cuando tenga que llegar y si Dios lo permite, pero teniendo la seguridad de que nuestros gestos salieron de nuestro corazón de padres y nuestros abrazos de nuestra alma de progenitores.

Gracias por estar ahí, tu amigo

Juan.

sábado, 3 de noviembre de 2012

EL BALCÓN DE SERVICIOS

En los bancos a los que nos dirigimos cuando queremos resolver un problema hay una ventanilla donde pone  "Balcón de servicios" y ahí está el empleado que conoce todos los atajos para resolver nuestras inquietudes, siempre que no sean para ingresar o retirar dinero, indicándonos qué debemos hacer, cómo y cuándo hacerlo.

Los padres debieran construir en su tiempo libre un "balcón de servicios", permitiendo a los hijos que acudan para saber si deben o no deben salir, si es suficiente con el dinero que llevan o precisan más, si es responsable tomar decisiones asumiendo el riesgo o no.

Antes de abrir esta ventanilla en nuestras vidas debemos hacer un reajuste y adaptar las preguntas y los reclamos a esta opción, lo cual nos exige una preparación diaria en ciencias sociales y economía, cultura general y ética, relaciones humanas y ecología, prevención de riesgos, gíneco-obstetricia, andrología y avances en el mundo digital.

Imaginemos que un joven pregunta si es factible presentarse tal y como se es en facebook o que quiere interactuar en twitter, grabar una pelea entre jóvenes o ir a un mega-concierto donde hay riesgos evidentes, que desconocen si deben ir a un botellón o mantener relaciones sexuales sin protección, no le dan importancia en acudir a un prostíbulo o ni siquiera se han planteado si tiene alguna implicación futura la masturbación con fijación constante.

La primera condición que hemos de ponerles es que trabajamos si el pedido es con un día previo, pues es el tiempo que necesitamos para estudiar las condiciones del micro-ambiente con el que va a interactuar, las bases legales para poder orientarles y los fundamentos científico-biológicos para que haya credibilidad en nuestra decisión final.

La segunda condición que debemos pedirles es que haya confianza en el aporte de esta ventanilla y respeto por nuestro criterio, frente al que podrán apelar y protestar, pero exigiéndoles la misma prudencia en sus planteamientos y un peso específico importante en su re-planteamiento.

La tercera condición a rescatar es que los amigos pueden influir pero no deciden, así que pueden presentar todos los argumentos para promover una actitud de interés en los padres, aunque podrán desobedecer nuestra contribución si encuentran en nosotros desinterés o desparpajo, improvisación o manipulación.

El balcón de servicios es una oportunidad para que sigamos preparándonos como padres, vigilemos su crecimiento y su desarrollo, conozcamos su mundo y le participemos de nuestra experiencia pasada como un elemento indispensable para que desarrollen su propuesta, abríéndose un diálogo constante con formación de ambas partes y muchas veces aprenderemos de nuestros hijos.

No te cierres a abrir un balcón de servicios en tu vida, verás cómo no es tan difícil tomar decisiones y encauzar los pasos de tus hijos. Te lo dice tu amigo, que nunca te falla.


JUAN