Un reto prometedor


Querer, desde el corazón de un padre y el alma de una madre, es un reto que hay que afrontar para presentar al mundo un ser humano cargado de historia y empuje. Es prometedor reconocerse como consejero y orientador en la vida de tu hijo-a, pues al adoptar una actitud responsable vamos forjando el libro del crecimiento y las páginas de las oportunidades.

Para ello debemos formarnos, preguntarnos y respondernos, como la única estrategia para aprender lo que necesitan y devolverles el mundo que le pedimos prestado en mejores condiciones que cuando lo recibimos y con ellos, como protagonistas verdaderos de nuestro futuro más inmediato.


Crecer es un reto y proyectarnos es un deber que hay que cumplir, reclamando el derecho a enfocar la educación en la esfera de relación padres-hijo, permitiendo la contribución de familiares y amigos en un escenario donde todo se comparte con el único propósito de aportar para el desarrollo integral del niño y del adolescente, en su lanzamiento a un mundo de puertas abiertas, repleto de oportunidades y limitantes.

Dr. Juan Aranda Gámiz



martes, 2 de abril de 2013

ELIGE CON QUÉ PADRES TE QUEDARÍAS

Hoy estoy dispuesto a convertirme en dependiente de una gran tienda y voy a ofrecer descuentos por ofrecer todos los tipos de padres disponibles, tú sabrás con cuáles te quedas.

Hoy están disponibles unos padres de cartón, porque dentro de su alma está la leche con la que te vas a alimentar durante toda tu infancia, el vino que te va a reconfortar en los momentos de premura y las galletas que puedes compartir, las sorpresas que te pueden dar y el jugo que te va a refrescar, la harina con la que puedes cocinar los platos de tu vida y la pasta con la que puedes sobrevivir en momentos de soledad, el azúcar que puede endulzar tu tristeza y la sal que te puede devolver la sonrisa.

También hay disponibles unos padres de agua, porque son aquellos que te refrescan y sofocan su sed de amistad y reencuentros, porque con ellos se sacia tu afán de conocer y desarrollarte, puedes zambullirte en sus experiencias de vida para construirte y lavarte esa suciedad que te provoca el lenguaje de la calle, sentir la humedad de su presencia y reanimarte con un jugo tropical de agua y mango, pues aprenderás a mezclar inquietudes y contrariedades, entusiasmos y caídas, como una constante en la vida de todos nosotros.

Asimismo, tenemos de oportunidad padres de papel, así podrás escribir todas tus quejas y resolver todos tus interrogantes, dedicarles reflexiones en los momentos en que haya un acercamiento pleno y redactar el historial de vida, cargado de malos momentos y tibias calificaciones, desencantos por enamoramientos tempranos o desviaciones de la conducta, que siempre se reflejaban en tu progreso académico, desvinculación de un aprendizaje pleno para un acercamiento más próximo a la calle.

Sólo por hoy disponemos de padres de aire, porque te empujan cuando lo necesitas y te frenan cuando es más oportuno, te llevan al oído las palabras exactas para el momento en que los necesitabas a tu lado y aunque no estén los sientes cercanos, sientes su aroma y el sonido de su zapateo, te duermes cuando sientes que se acerca el beso y la pena cuando aciertas en comprender el misterio de la despedida, te acurrucan para que no te congeles y te lanzan a la calle diciéndote en voz alta "aire", notas su enfado cuando el aire que te acaricia viene cargado de un movimiento brusco por la palmetada enfurecida que te dan en la coronilla o por la escoba que se tambalea barriendo, en manos de una madre agotada por los consejos que nunca se obedecieron.

Ah!. También hay ahí atrás unos padres de rompecabezas, porque ellos te van entregando las piezas educativas para que vayas adquiriendo los conceptos y puedas establecer los verdaderos juicios, que parten de un pensamiento que te van ayudando a edificar, con ellos nunca te falta ni te sobra una pieza en el armario de tu estructura personal y aunque te preguntes por qué te dan una pieza de tesón y dedicación, cuando logras ver la figura que se va armando en el rompecabezas te das cuenta que merecía la pena que te dieran eso a que te hubiesen dado la pieza del descalabro y el queme importismo, porque ahí hubieses visto la figura del rompecabezas donde aparece la pérdida de tiempo y la holgazanería, la lucha por sobrevivir y el rol de una vida de disparate en disparate.

Y aunque no lo digan en la tienda, también he visto unos padres de algodón, pues con ellos nos secamos todas las heridas, mojando en agua oxigenada o alcohol yodado, como cuando se ponen delante para defendernos si nos critican o nos marginan, nos señalan o nos ningunean, ese algodón que se pone en la cara para secar las últimas lágrimas porque siempre están a nuestro lado y nos intentan servir de soporte, el algodón que puede evitar un sangrado profuso, como cuando queremos explotar porque algo no salió bien y nos consuelan y nos motivan a seguir intentándolo.

Para finalizar, escondidos en un baúl porque nadie los pide nunca, están los padres de película, los que no quieren perderse ni un minuto de tu crecimiento y desarrollo, los que graban hasta tus estornudos, los que siempre están enseñando fotos y presumiendo de gestos y composturas de sus hijos, los que siempre van a querer que sean los protagonistas de sus vidas, porque cuando sean abuelos los van a necesitar cerca y cuando se vayan tienen que estar seguros que van a ocupar su lugar.

Pero no podemos olvidarnos de los padres de esponja, porque son los que absorben todo y procuran estar secos para cuando haya otra riada que llegue a tu vida, arrastrando problemas y vicisitudes, porque ahí se van a poner en primera linea de fuego para seguir chupando lo malo y lo inconveniente, lo superfluo y lo dañino, siempre en silencio y callados, como lo hace la esponja en el baño. Pero, al mismo tiempo, te suaviza su paso por tu vida, duchándote para limpiarte de impurezas y masajeando tu cuerpo cansino.

Ahora también me acuerdo de los padres de tela, porque son especiales para cortar de ahí un traje para presumir en este mundo, porque se siente que el apellido te cala y te viste, queriendo ser exactamente como ellos por lo mucho que estuvieron presentes en tu vida y te ayudaron a ser tú mismo-a, determinando esa auto-estima con la que te presentas a donde vayas.

Ahora, hoy mismo, deberías comprar estos modelos de padres y tenerlos contigo, procurando educar a los tuyos para que sean como estas figuras que has comprado y que siempre se vean en las estatuas cuando den un primer paso, porque tú necesitas que ellos sean así, porque te gusta y te llena, te anima y te devuelve la vida. 

Sé valiente, educa a tus padres como las figuras que te presento y puedes comprar  más de una, incluso puedes comprar todas las posibilidades de padres que te presento, por si quieres que tus padres sean un día de una forma (de papel) y otro día de otra forma (de esponja), porque tu deseo es que se adapten a tus necesidades psicológicas, físicas y morales, ellos te van a agradecer que les hayas dado la oportunidad de que estés presente en sus vidas, ayudándoles -al mismo tiempo- a ser cada día mejores padres.

Cuando seas abuelo, te acordarás de esas figuras que compraste y que te ayudaron a ser más feliz con los padres que tú necesitabas.

Tu amigo, que nunca te falla, JUAN

martes, 26 de febrero de 2013

¿CUÁNTOS DOLORES TIENEN LOS PADRES?

La Patología de los padres podría definirse como el conjunto de problemas que pueden generar los padres por su propia condición, desde el momento en que deciden aceptar la paternidad y emprender el camino hasta el día de su muerte. Y cada problema se manifiesta con un dolor diferente, por eso quiero desgajarlos para que se puedan sentir, tal y como lo siente un padre o una madre.

EL DOLOR DEL PARTO: Es una sensación rara de incertidumbre y angustia, porque ahí se compromete la salud de la madre y los esfuerzos de las contracciones, la intranquilidad de quien no tiene ninguna tarea en esta etapa de sus vidas (el padre) y las contracturas que te entran con el primer grito de anuncio que arribó a este mundo.

EL DOLOR DE QUE NO HAYA TRAÍDO EL PAN BAJO EL BRAZO: Ahora nos enfrentamos a disponer la alimentación necesaria para que crezca bien, pero acorde a lo que dice el mercado y los cánones en salud, porque precisa de un equilibrio de nutrientes, prebióticos y probióticos, para que el crecimiento y desarrollo no se alteren.

EL DOLOR DEL CUIDADO DIARIO: La vigilancia y la tensión agotan, porque hay que poner unas normas de conducta y unos espacios de movimiento necesario, pero al mismo tiempo se pretende que no salga de lo preestablecido y ellos luchan por huir de lo preestablecido, lo que genera preocupaciones y una pérdida interminable de tiempo que lo justificamos por volvernos niños para jugar y por colocarnos unas gafas para mirar y ver bien por dónde va, con quién camina, quién le habla y se le acerca, en qué punto estaba antes de que desviara la mirada y hacia dónde quiere correr.

EL DOLOR DE SU PROPIO DOLOR: Cuando enferma o se le diagnostica algún problema de salud es cuando cambiamos nuestro enfoque en este mundo y nos situamos en posibles coyunturas y, en ocasiones, vamos escarbando en los libros para aprender síntomas y signos, descubrir que no tiene tratamiento o generamos un compromiso para que siempre se sienta orgulloso de nuestro soporte, si algún día tiene planificado partir de este mundo.

EL DOLOR DE LOS FRACASOS: No todo en la vida es un despertar con éxito, pues hay que intentar enseñarle que también hay aprendizaje en los fracasos, es el momento para levantarse con impulso y seguir ensayando hasta que el experimento cristaliza y lo aprendido lo incorporan en su propia naturaleza para ir estructurando su propia personalidad, llenas de claro-obscuros, como todo en este mundo.

EL DOLOR DEL CAMBIO: Empiezan sus cambios y vamos notando que algo falta o que algo sobra, que hay vacíos o disimilitudes con otros jóvenes, que se van alejando o que tienen otras preferencias, que sus ideales se van distanciando de los nuestros y que ya dejamos de ser sus ídolos, que nos empiezan a superar y que sus metas las desconocemos.

EL DOLOR DEL SUSTITUTO: Llega ese día en que nos sustituyen y ya comprendemos que es necesario que se acompañen y que idealicen su presencia, que compartan y respeten, como una puesta en práctica a los valores aprendidos y emprendidos, con el único propósito de dar rienda suelta a los designios de Dios y que la vida se prolongue en sus propios hijos, con lo que vitalizan nuestros días siguientes como abuelos.

EL DOLOR DEL SUFRIMIENTO: Vemos sufrir a nuestros hijos por el dolor que están sufriendo como padres y nos duele que la vida siga abriendo agujeros de dolor, perforando las entrañas para extraer un poco más de ese jugo que sólo los padres derraman en la vida de sus hijos.

EL DOLOR DEL LEGADO: En un momento nos hacemos una pregunta ¿y que le vamos a legar a nuestros hijos?, pero en algún rincón y en silencio se llega a concluir que el mejor testamento es el ejemplo y las actitudes convencidas, las que se transmitieron con pocas palabras y se pudieron copiar con poco esfuerzo; es ese momento en que se sienten orgullosos de los apellidos que llevan y su significado.

EL DOLOR DEL OLVIDO: Se van amontonando los días en que nos sentimos olvidados y solos, arrinconados y sin palabras ni besos, algunos con la suerte de que todos estén cerca y otros preocupados por la distancia y el reencuentro.

EL DOLOR DE LA DESPEDIDA: Se acerca el momento y un día recibimos la llamada y nos toca despedirnos, como cuando vamos a visitar a un familiar y nos sentimos cómodos hasta que nos despedimos y nos cuesta trabajo adaptarnos a ese desplazamiento tan necesario para dejar espacio a que otros sigan padeciendo los dolores que nosotros ya padecimos, repitiéndose la historia una y mil veces más.

EL DOLOR DEL RECUERDO: Es el que le queda a los hijos cuando se van los padres y a los nietos cuando partan sus padres, porque es ley de vida y ahí está la esencia del cariño y el roce, pues en la añoranza se reviven momentos y mensajes, recuerdos y entrega.

Gracias por seguir siempre ahí, vuestro amigo que nunca os falla


JUAN

miércoles, 13 de febrero de 2013

EL DÍA DE LOS ENAMORADOS Y LA RELACIÓN PADRES-HIJOS

El día de los enamorados no es sólo una dedicatoria del calendario para los novios o los esposos, a quienes puede visitar San Valentín cada año, sino también para quienes están enamorados de sus alumnos, enamorados de su profesión o enamorados de sus padres y ellos también de sus hijos.

Un día de los enamorados para los padres y los hijos debiera ser aquel en el que:

SUPIÉSEMOS DECIR GRACIAS PORQUE SUPISTE ENAMORARME CON TU EJEMPLO.
DESCUBRIÉSEMOS EL ENCANTO ENCUBIERTO EN UNA RELACIÓN QUE ES DIFÍCIL
ENCONTRÁSEMOS LA ESENCIA DE UN BESO, UN CONSEJO O UNA MIRADA.

Un padre y una madre deben estar enamorados para asumir la tarea de educar y conquistar a su hijo, aunque reconociendo que pertenece a otra generación y tiene otros intereses ocultos, otras preferencias, otros objetivos y otros círculos. Por eso el día de los enamorados debiera ser aquel en el que:

SUPIERA QUE ES EJEMPLO PARA QUIEN VA A PROLONGAR SU VIDA.
DESCUBRIESE QUE SU HIJO-A SE ESFUERZA EN DISFRUTAR LA PRESENCIA DE SU PADRE
ENCONTRASE QUE NO HAY MEJOR TELA PARA VESTIRSE QUE LA DE UN PADRE /MADRE

Un hijo o una hija deben estar enamorados para sacrificar su proyecto de vida y renunciar a sus escenarios y momentos preferidos para dedicarles tiempo a sus padres. Por eso el día de los enamorados debiera ser aquel en el que:

SUPIERA QUE LA PACIENCIA DEL PADRE TERMINA EL DÍA EN QUE SE VA DE AQUÍ.
DESCUBRIESE QUE LA ESPERANZA DE UN PADRE ES LO ÚLTIMO QUE SE PIERDE
ENCONTRASE EN LA VERDAD QUE UN PADRE BUSCA LA RAZÓN DE SU EXISTIR

Y no es que este día se van a agotar las discusiones ni los enfados, los desacuerdos ni las rencillas, los rencores ni los malentendidos, porque es parte de la vivencia diaria de la relación. Por eso el día de los enamorados debiera ser aquel en el que:

AMBOS SUPIERAN QUE TODO ES VÁLIDO CUANDO HAY UNA APUESTA MUTUA.
AMBOS DESCUBRIESEN QUE LA RELACIÓN PADRES-HIJOS ENCIERRA UNA ENSEÑANZA
AMBOS ENCONTRASEN QUE UN ABRAZO ES LA ACEPTACIÓN DEL OTRO COMO ES.

No esperemos a que llegue el 14 de febrero para olvidarnos del resto de días en nuestras vidas de relación padres-hijos, ya que estaríamos vacíos de estímulos e impulsos. Por eso el día de los enamorados debiera ser aquel en el que:

SUPIÉSEMOS QUE EL CALENDARIO NO PUEDE ORDENAR NUESTRA RELACIÓN.
DESCUBRIÉSEMOS QUE TODOS LOS DÍAS SON INTENTOS POR SUPERARNOS.
ENCONTRÁSEMOS QUE FEBRERO NO ES MÁS QUE UN PUENTE DE REFLEXIÓN.

Sigamos caminando, atravesando muchos puentes más, agradeciendo a San Valentín por este camino que nos permite sortear dificultades, reflexionando sobre la relación padre-hijos, descubriéndonos a nosotros mismos y mejorando nuestra contribución para el éxito de esta relación, que empieza cuando decidimos engendrar y termina cuando todos nos dicen adiós y nos despedimos de este mundo. Por eso el día de los enamorados, en la relación padres-hijos, para cualquier observador, debiera ser aquel en el que:

SUPIERAN QUE NO DAMOS POR TERMINADA UNA RELACIÓN VIVENCIAL ETERNA.
DESCUBRIESEN QUE ESE CONTRATO VA CARGADO DE DUDAS Y AVANCES.
ENCONTRASEN QUE NO HAY MEJOR EMPRESA QUE ESTA, EN LA QUE SE CONSTRUYE

Y si esta relación cuesta tan poco, ya viene condicionada por nuestras convicciones y decisiones, siempre se tiende a ganar, por qué no invertir y hacerse millonarios de cariños, aplausos, con la garantía de un padre o madre que dirige y un hijo o una hija que acepta y agradece.

Vuestro amigo, que nunca os falla


JUAN

martes, 5 de febrero de 2013

EL PERIODO DE LACTANCIA DE LOS PADRES

Se piensa que los hijos lactan durante su periodo y ahí se acabó todo, porque ese alimento le va a compensar y a aportar con nutrientes y elementos que le van a ser necesarios en esta etapa de arranque y despegue de los hijos.

Pero ahí no acaba todo, porque la lactancia empieza ahí, pero se continúa cuando los padres llegan tarde y regalan un beso para que descansemos en paz y lo hacen por amor, por lo que ahí seguimos lactando, así como cuando te cogen de la mano para llevarte a la escuela los primeros días y te van enseñando la calle y sus avatares, descubriéndote el peligro de atravesar la acera sin mirar y la precaución de no confiar en nadie que desconozcas, ese es otro sorbete de lactancia, esa cordura que te van imprimiendo y que luego vas a incorporar en los actos de tu vida diaria.

Hay momentos en que te enseñan a rezar y a indagar con las agujas del reloj hasta que aciertas por primera vez con la hora, a escuchar atentamente cuando estás en una reunión, sin interrumpir por rabietas o desaires, sino para preguntar y quizás también para opinar, porque estás mamando la sabiduría del saber estar y te va a acompañar de por vida.

Algún día irás a pasear y deberás percatarte de los peligros a los que te puedes enfrentar y ese miedo a perderte que te va sobrecoger cuando te despegues del grupo, aprenderás a seguir a un guía y a usar la palabra para comunicarte, a orientarte, tan importante más adelante, cuando crezcas y ese es otro trago de leche de la vida que te entregan los padres.

Irás a la escuela y al colegio y por encima de las explicaciones de los profesores recibirás muchos momentos de asesoría, con la compañía de tus padres, dictándote las normas básicas para estudiar y aprender, para ser receptivo y auto-crítico, porque esos valores te van a ayudar a construir una personalidad adecuada y ahí estás mamando esa leche que sólo los padres pueden generar.

Tendrás tu primera polución o una palpitación por descubrir el sexo y la sexualidad y siempre tienes a mano la teta de tu madre o tu padre, quienes te van a encaminar en el proyecto de vida de la adolescencia, sin temor pero sin riesgos absurdos, te van a ayudar a dar los primeros pasos y a examinar tus descubrimientos y a calmar tus soledades apresuradas, pero la leche de los padres te va a alimentar para no errar en tu andadura.

Tendrás que elegir carrera y buscarás independizarte, pero siempre tendrás el teléfono a mano para entregarte a una conversación y ahí seguirás mamando de esa bondad de leche que te entregan tus padres con consejos y reprobaciones, dejando a tu elección la última decisión, pero donde siempre estará la voz de tus guías, quienes te siguen amamantando.

Llegan los hijos y los nietos, los cambios de residencia y las equivocaciones, pero se regresa a seguir lactando porque esa leche tiene algo especial, como las vitaminas del ejemplo o la falta de nutrientes del abandono y quieres explorar si ahora puede tener el mismo sabor que otros cuentan, porque necesitas ese chupeteo de la mirada y el intercambio de palabras, de las preguntas y la resolución de dudas para seguir mamando de la vida.

Habrá quienes tengan que recordar la lactancia de los padres a través de las rejas o las sombras, pero si lactaron tienen esperanza en el futuro, porque la consistencia y la composición de ese líquido que nos alimenta es una estructura que nos solidifica y nos construye.

Así que no creas que sólo lactamos un año o seis meses, seguimos lactando toda la vida porque la leche del ejemplo y la protección, de la apertura de caminos y de la enseñanza, la que nunca se borra, va a quedar indeleble para toda la vida y quien no haya lactado que regrese ahora mismo y pruebe esa leche antes de que sea tarde, aunque supiese amarga en la infancia y no fuese de tu agrado, porque no podemos permitir que se nos vaya la fuente para lactar y no hallamos chupeteado ese pezón de los abrazos y los reencuentros, momentos que sólo pueden construir y edificar, seamos quienes seamos y estemos donde estemos.

Tu amigo, que nunca te falla.



JUAN

martes, 22 de enero de 2013

EL SILENCIO DE LOS PADRES

Los padres tienen la tarea de ordenar ideas, conducir actitudes, formar voluntades e impulsar ideales, moldear vicios, descubrir potencialidades, fotografiar los abrazos y guardar las caricias, medir el desarrollo y escribir los relatos de una o varias historias de vida, pero a veces hay silencios que deben coleccionar, con el único propósito de provocar reflexiones profundas sobre verdades y momentos, pinceladas y descubrimientos.

Hay padres que no desean transmitir su dolor visual, al ver todos los días un misterio transformado en un cuerpo sin movimiento, durmiendo callado y sin espontaneidad más allá de la condicionada por su enfermedad o su malformación, demostrando que quiere seguir luchando entre nosotros y que es el centro de atención para todos, recibe más miradas que nadie y destapa más lágrimas que ningún hermano, pero exige un silencio con el que habrá que dormir y vivir para que el amor que entregan a su hijo sea puro, sin falsos apoyos ni condicionantes de lástima.

Hay padres que han convertido el silencio en un estilo de vida por su dolor de ausencia, cuando un hijo parte  a un destino que la vida le puso en su camino y ya no puede disfrutar de sus pasos, sus caricias o su soporte,  y el teléfono es el mejor vecino, pudiendo preguntar por su salud, si sigue recordando y si desea regresar, unas frases que se digieren como verdaderos piropos de aniversario.

Hay padres que sufren un dolor de culpabilidad, al tener hijos recluidos o aislados por su enfermedad o trastorno, ya que su comportamiento o su código genético los llevó a cometer algún acto delictivo y esperan su recuperación en el encuentro con un ser superior que sepa reorientar sus pasos y las oraciones de los padres siempre van enfocadas en tal dirección.

Hay padres que tienen silencio por un dolor de identidad, ya que escucharon las convicciones religiosas, políticas, sexuales o revolucionarias de sus hijos y callan para evitarle algún tropiezo que pudiera condicionarle heridas que no cierran.

Hay padres que sufren de dolor no deseado, pues nunca querrán comunicar a sus hijos que ese embarazo nunca fue planificado ni deseado, estuvo cargado de disgustos y enfrentamientos al interior de la pareja, quizás fue una artimaña para atraer a quien quiso distanciarse y se ha mantenido la relación "a regañadientes" por este hijo y por lo que callan.

Hay padres que mantienen silencio por un dolor de procreación, pues tienen un hijo adoptado, recibido, fruto de una manipulación genética, niños probeta o recogidos de un centro donde fueron abandonados o raptados y entregados, como una encomienda, pero no se atreven a divulgar ese dolor hasta el día en el que la vida los pone en el lecho de la muerte.

Hay padres que tienen un silencio especial por un dolor machista, el que provocó golpes en su pareja, a veces hasta el fin de la violencia de género y quieren regresar para ser perdonados, cuando el perdón sólo debiera darse a quienes siempre respetaron la vida y no necesitaron el silencio para vivir.

Hay padres que tienen un silencio de compra-venta, al regalar, entregar, donar su vientre, sus óvulos o sus espermatozoides, pero que desean romper ese trayecto de su vida emprendiendo la búsqueda de parte de su ser y enfrentar la verdad que debe ser transmitida antes de que provoque más hedor y vergüenza.

Por fin, hay padres con un silencio de olvido, porque ya no recuerdan nada y con los gestos, el tacto, la compañía y las miradas prolongadas, quieren luchar por recordar a quienes dieron la vida.

Para todos los padres un reconocimiento por sus silencios y animarles a que salgan de ahí y para todos los hijos que lean esta página, que hagan un inciso para preguntarles a sus padres que quieren escuchar sus silencios, pues esta es también una manifestación de amor de los hijos hacia los padres, cuando a los padres les falta gasolina para manifestarse a tiempo.

Gracias por seguir siempre ahí, vuestro amigo que nunca os falla.


Juan.

domingo, 6 de enero de 2013

CUANDO UN HIJO ENSEÑA A UN PADRE

Pensamos que siempre vamos a ser los pedagogos de la relación padre-hijo y siempre estamos aprendiendo lecciones para dictarlas y esperar que ellos respondan con actitudes responsables y coherentes, pero va pasando el tiempo y van amontonándose las preguntas:

   1. ¿Por qué no llama?
   2. ¿Seguirá acordándose de mí?
   3. ¿De qué habrá servido todo lo vivido?
   4. ¿Será la suerte la estrella en su vida?
   5. ¿Reflexionará antes de dar un paso?

Después de un silencio, cuando crees que llegará la tormenta y que el tiempo se ha comido todas las expectativas, que la verdad no aflora y que los momentos pasan y se difuminan, la calma se vuelve tensa y la marea anuncia que está cercano el temporal, descubres que tienen que aprender del silencio y de la tormenta, de las expectativas y de la verdad, de los momentos y de la calma, de la marea y del temporal.

La vida te demuestra que tienes que aprender a mezclar sensatez con paciencia y confianza con esperanza, porque esa es la clave de la verdad de una relación, cuando el silencio está presente y los conflictos no te pertenecen, cuando tu verdad debe ser el apoyo constante y la voz del ejemplo, la apertura de caminos y el abrazo de presencia, para que sepa que siempre estarás ahí, pase lo que pase.

Nos preguntamos si merecemos los errores o si nos corresponden los fracasos, pero si nos miramos y nos sacamos los imanes de los bolsillos, siendo positivos y reflexivos, dinámicos y entusiastas, estamos en posibilidad de rechazarlos y ahí es cuando recibimos su llamada, la de nuestros hijos, la que estábamos esperando por tanto tiempo y nos demuestran que supieron hallar respuestas cuando nosotros esperábamos maldiciones.

Es ese el momento en que nos vestimos de alumnos y aprendemos a consensuar con el otro y a respetar los apellidos y la historia de vida, cuando disfrutamos de una obra construida con esfuerzo y en el día a día, sin saber que el futuro nos llenaría de orgullo donde sólo creíamos que había pedruscos y arenisca.

Y entonces les pedimos la receta, nos damos cuenta de cuánto valen y no nos atrevemos a seguir dando consejos, porque ellos son los que nos aconsejan y nos quedamos sin palabras porque ellos nos demostraron con actitudes una verdad de la relación padres-hijos.

Aprendamos a encontrar en nuestros hijos la voz de la pedagogía, la que a veces necesitamos los padres para seguir queriendo a nuestros hijos, porque nos hacen grandes y dichosos sus actitudes, quizás las que moldearon con nuestros ejemplos o nuestros consejos y ahora brotan, como todo lo que se cultiva en el jardín de esta relación tan simple y tan demostrativa, entre padres e hijos.

Vuestro amigo, que nunca os falla.


Juan

martes, 25 de diciembre de 2012

OTRO AÑO DISPONIBLE PARA SER PADRES


OTRO AÑO DISPONIBLE PARA SER PADRES

Hemos terminado una parte de la tarea y vemos crecer a nuestros hijos, enfocados en su nueva etapa de crecimiento y nosotros de decrecimiento, pero con nuevas esperanzas de ser cada día mejores padres en un mundo que va a ser de ellos.

Tenemos por delante otra tarea, la de unos entusiastas que han aprendido de una historia de vida y quieren seguir proyectados para cambiar el rumbo de los acontecimientos de la vida diaria de nuestros hijos.

Hemos superado avatares y desencuentros, aliñados con voces, gritos, malentendidos y hasta sobresaltos, pero cuando se hace balance nos damos cuenta que el promedio siempre es favorable en el total de los totales, con lo que podemos decir, a sabiendas que hemos depositado mucho empeño en nuestra tarea, “suma y sigue”.

Nos hemos alimentado de horas de espera en la madrugada, malos tragos con las calificaciones, miradas tristes por alguna mentira de la adolescencia y desenfados que arrancaron un perdón y nos supo a gloria.

Hubo crisis de valores y de bolsillos de adolescentes inmaduros, nos enfrentamos a fines de semana de castigo, porque también nosotros sacrificamos nuestros ratos libres por vigilancia de sufrimiento, por ellos y nosotros.

Dedicamos oraciones y ruegos, no faltaron santos con notas y mensajes en el buzón para que se acordaran de nosotros, monedas y limosnas para que se compren unas chucherías los encargados de las buenas conductas, allá en el cielo y practicamos el olfato de un can amaestrado para percatarnos que no había intromisiones algunas en su vida.

Conocimos a amigas y amigos, algunos más desorientados que otros, pero todos los que seleccionamos es porque les sirvieron de apoyo y nos animamos a escucharles cuando nos narraban que sirvieron de soporte para otros, en peores circunstancias que las suyas.

Tuvimos que conversar con el vecino, pedimos explicaciones a algún profesor, contemplamos a nuestro hijo en la fiesta de Navidad para padres, interpretando algún papel y, en ocasiones, en un idioma extranjero, ensanchamos la casa para que entre todo el mundo y nos acercamos a los abuelos, como aliados, para que nos ayuden en la tarea educativa.

Olimos a tabaco y quisimos que no lo notaran, limpiamos zapatos del barro de esa calle con la que no nos llevamos bien, encontramos cartas de desconocid@s y revistas que nos anuncian que andan desconcertados con su cuerpo.

Todo ha sido parte de la tarea de un año que acaba y tenemos que hacer un cursillo rápido para empezar el siguiente. ¿Dónde? –Pus aquí, en “Escuela para padres!

Vuestro amigo, que nunca os falla.

Juan Aranda Gámiz.